El Villar de Cobeta. Es un pueblo con Ayuntamiento propio, de la provincia de Guadalajara, del partido judicial de Molina, de la audiencia de Sigüenza y de la Capitanía general de Madrid, distante de estos puntos, diez y seis, cinco, siete y veintiséis leguas respectivamente. Se halla situado en una colina a la margen derecha del río Tajo con buena ventilación y clima frío. Tiene unos 90 vecinos, buena casa rectoral, y una Iglesia parroquial de primer ascenso dedicad a Sta. Anaa. Dentro de su término, hay varios manantiales, y los despoblados de Herrera, la entrada de Cerromina, y la Cueva del Cerezo. El terreno bañado por los nos Tajo, Gallo y Arandilla, es de mediana calidad: comprende montes de encina, pino, roble, y otras matas, y produce granos, legumbres, hortalizas, maderas de construcción y buenos pastos, abunda la caza menor, y en los ríos la pesca de barbos, truchas, anguilas, y fabricación de harinas. Celebra su fiesta a San Vicente y corresponde al arciprestazgo de Maranchón, y es centro de Conferencias, a donde concurren Cobeta, La Olmeda, Ablanque y Buenafuente, con cuyos pueblos confina. Este pueblo, es muy antiguo pues ya lo dió la infanta Dª. Blanca, al monasterio de Buenafuente, junto con Cobéta y La Olmeda, pero lo que más célebre, hace a este pueblo, es su castillo de Alpetea, que habitaba el moro Montesino, según digimos hablando de Cobeta. Está situado en la cumbre de un cerro pedregoso, que domina todas las alturas inmediatas, a la derecha del río Tajo, sobre el puente de San Pedro, por cuya parte se halla lo más escarpado, y alcanzando la vista al castillo de Molina, llamado Torre de Aragón; en tiempo de los Sarracenos, formaba su línea fortificada hasta Valencia, y a su expulsión, fue el último punto, que abandonaron en el país. Desde esta época, subsistió sin objeto particular desmoronándose diariamente hasta que en Febrero de 1840, situado el jefe carlista. Balmaséda, en la serranía y fuerte de Beteta, dio principio a su reedificación cono objeto de formar una línea fortificada desde el mismo a la carretera de Zaragoza; y estrechar al mismo tiempo el bloqueo de Molina; pero las fuerzas que mandaban el comandante general D. Gaspar Rodríguez y el coronel provincial de Laredo, hicieron cuantos esfuerzos pudieron para impedir las obras, y el día 3 de Mayo, del mismo año, consiguieron apoderarse de la altura y demoler toda la fortificación, quedándose en un estado tan ruinoso, como el que tenía anteriormente.