CATÁLOGO HISTÓRICO-ARTÍSTICO

"LA CRUZ DE HIERRO" (FUENTELSAZ)

“LA CRUZ DE HIERRO” se sitúa a la izquierda del camino que, partiendo frente al frontón en la parte alta del pueblo, se dirige al cementerio nuevo.

 

Se trata de una cruz levantada en memoria de un difunto, por lo que no está bajo ninguna advocación ni se le puede considerar como un pairón propiamente dicho.

 

Construido en piedra calcárea la basa y el fuste, y en hierro forjado la cruz.

 

La estructura se levanta sobre una basa a base de mampostería asentada con ripios. ( fotografía nº 1 )

 

Sobre esta base se coloca una especie de fuste formado por un gran sillar prismático-cuadrangular con las aristas biseladas, al que le sigue otro de similares características pero más pequeño en planta. ( fotografía nº 2 )

 

Encima del conjunto se presenta la gran cruz, de unos 2,20 metros de altura, realizada en hierro forjada muy trabajada, a base de volutas y otros elementos decorativos. ( fotografía nº 3 )

 

En las traviesas de la cruz se encontraba inscrito el nombre del difunto a cuya memoria se levanto. Esta inscripción que, completa debía de decir: “AQUÍ MURIO VALENTIN GALVEZ NUÑO”, hoy en día se encuentra medio destruida, quedando visibles:

 

FOTOGRAFIA Nº 1

FOTOGRAFIA Nº 2

FOTOGRAFIA Nº 3

 

En la parte superior de la cruz, y con letras colocadas en vertical: “ AQUÍ ”. ( fotografía nº 4 )

 

En el travesaño de la izquierda: “ VALEN ” (VALENTIN). ( fotografía nº 5 )

 

En el travesaño derecho: “ NUÑO ”. ( fotografía nº 6 )

 

FOTOGRAFIA Nº 4
FOTOGRAFIA Nº 5
FOTOGRAFIA Nº 6

 

Se puede fechar su construcción alrededor de 1800.

 

Su estado de conservación es bueno en general, aunque el sillar inferior del fuste presenta una gran grieta en uno de sus laterales, y la cruz se encuentra bastante erosionada.

 

Martínez Herranz recoge en su libro “Cruces y Pairones en el Señorío de Molina”, que Valentín Gálvez Nuño, murió como consecuencia de las heridas de navaja que recibió en una pelea con una mujer en las eras cercanas a la cruz.

 

El mismo autor, recoge de testimonios orales de los vecinos del pueblo, la tradición que todavía se conservada de parar junto a la cruz, cuando se va de entierro camino del cementerio, donde el sacerdote reza un responso, volviéndose desde este punto al pueblo los acompañantes menos allegados al difunto, continuando hasta el cementerio el resto de familiares.