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CATALOGO MONUMENTAL |
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En la cabecera de la ermita se levanta el ábside en forma semicircular, que se asienta sobre un alto basamento de piedra que sirve para salvar el desnivel del terreno. ( imagen 1 )
Unas hiladas de sillares, a modo de contrafuertes, refuerzan las esquinas de sillarejo de los muros en los tramos rectos. (imágenes 2 y 3 )
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IMAGEN 1 |
Todo el alero que recorre el ábside se encuentra orlado por canecillos decorados, igual que las metopas situadas entre ellos. (imágenes 4 y 5 )
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IMAGEN 4 |
IMAGEN 5 |
Estas metopas presentan tres tipos de decoración:
A base de trama de cestería ( imagen 6)
En forma de ajedrezado o taqueado, tan común en las construcciones románicas. ( imagen 7 )
Y por último formando roleos o representando hojas, todo ello muy marcado. ( imágenes 8 y 9 )
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IMAGEN 6 |
IMAGEN 7 |
IMAGEN 8 |
IMAGEN 9 |
Los serie de canecillos que decoran, tanto los tramos rectos como el curvo del ábside, constituyen el mejor conjunto de este tipo que se conserva en la comarca molinesa, y presentan una notable variedad de motivos, todos ellos de temática profana relacionada con la vida cotidiana de la época medieval.
En primer lugar destacan los compuestos por modillones de rollo, que incluyen tres, cuatro, cinco o seis de estos elementos. (imágenes 10 a 14 )
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Uno de ellos se decora a base de dos volutas. ( imágenes 15 y 16 )
En los laterales de otro se puede contemplar decoración de punzón a base de volutas, mientras que la base se presenta con un sencillo rectángulo. ( imágenes 17 y 18 )
Un alargado tonel con una alargada boca en la parte superior conforma otra de las representaciones. ( imágenes 19 y 20 )
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En otro can se puede ver otro tonel en relieve. ( imágenes 21 y 22 )
Uno de los más interesantes, aunque muy deteriorado, representa a una pareja estrechamente abrazada (algunos autores han querido situar la escena en el momento del coito) ( imágenes 23 y 24 )
Otro motivo llamativo, está formado por un rostro grotesco con enorme nariz y la boca abierta en actitud de burla. ( imágenes 25 a 27 )
En otra representación, muy deteriorada en su frente, se puede ver un personaje que se ha identificado con un músico tañendo un instrumento de cuerda que podría ser una vihuela. ( imágenes 28 y 29 )
Con estas representaciones se ilustran los placeres de que disfrutaban los campesinos de la época: el vino, la sexualidad y la música.
Por último, en dos de los canos hay representados dos trasgos, muy parecidos a los que se encuentran en uno de los capiteles del arco triunfal en el interior del templo, y que más adelante se comentará. ( imágenes 30 a 32 )
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Al interior, del que no puedo ofrecer fotografías de momento por no haber podido acceder, un doble poyete recorre los muros de la nave, que se cubre con techumbre moderna de madera de sabina.
Dos pequeñas saetera en el ábside y un vano abierto a los pies en época posterior, sirven de puntos de iluminación.
El ábside cubre, en su tramo recto con bóveda apuntada de cañón, y en el hemiciclo con bóveda de horno.
El arco triunfal que da paso a la cabecera se presenta doblado y apuntado sobre pilastras y columnas con capiteles con decoración de hojas lisas rematadas en volutas en correspondiente al lado del Evangelio.
Es el del lado de la Epístola el elemento de mayor interés de la ermita, ya que por los motivos del bestiario medieval que se representan en el mismo ha sido atribuido al círculo silense, lo que conllevaría que fue realizado, al igual que los canecillos citados, por algún cantero o discípulo de los que trabajaron en el Monasterio de Silos. Reproduce en su frente una pareja de trasgos contrapuestos simétricamente en torno a un tallo con dos ramificaciones que rematan en hojas bulbosas. Las caras laterales están formadas por una sirena-pájaro con las alas desplegadas y un motivo de hojas.
Todo lo anteriormente descrito hace de este pequeño templo, uno de los pocos de época románica que conservan íntegra su primitiva fábrica, el elemento románico más destacable de toda la Comarca molinesa, e incluso uno de los más importantes de la provincia.
Parece mentira que cuando se pasa por la estrecha carretera que une las dos localidades de Labros y Milmarcos, no exista ni una pequeña indicación o referencia a su situación, que al encontrarse en la pendiente, rodeada de sabinas, pasa prácticamente inadvertida para los que circulan por la misma.
Tal vez sea el ejemplo más patente del “interés” que las administraciones correspondientes demuestran por dar a conocer su patrimonio y fomentar con ello el ahora tan de moda “turismo cultural”. En fin, que cada uno saque sus propias conclusiones.
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