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CATALOGO MONUMENTAL |
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En la zona de Villacabras se pueden observar los restos casi inapreciables de un castro celtibérico.
Se accede a él a través de la pista que se dirige hacia el vivero, tomando antes de llegar al mismo, la que sale a la izquierda y que en fuerte subida lleva a la parte alta de esta zona de Villacabras.
Allí, a la izquierda, se extienden los restos de este poblamiento al que accedí acompañado de Don Antonio Valero, vecino de Rillo, y tal vez el que mejor conoce todos los rincones de su término.
Por sus explicaciones, obtenidas de otras personas que habían visitado la zona, en la amplia zona abierta cercana a la pista se encontraba el castro fortificado propiamente dicho, con las paredes de roca que caen a plomo hacia el camino frente a la Fuente del Cura como defensa natural por este lado.
Más hacia la actual zona de monte bajo se extendería otra zona del poblado.
De todo ello, solamente quedan algunos restos de cimientos que se confunden con los de las parideras que para el ganado se levantaron con las mismas piedras y que actualmente también se encuentran arruinadas, todo ello cubierto por abundante vegetación.
Al parecer, han aparecido restos de cerámica y objetos metálicos, lo que ha llevado a confirmar que el lugar estuvo habitado.
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Antonio, que conoce perfectamente el conjunto, me va mostrando diversas huellas que todavía restan, todas ellas inscritas en la roca.
Así, una pequeña oquedad marca lo que debió de ser el apoyo de una puerta y su correspondiente bisagra.
En varias rocas aparecen agujeros redondos de pequeño diámetro y una profundidad de diez a quince centímetros, y que al parecer servían para moler el cereal.
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En lo alto de una roca, muy difícil de localizar si no se va acompañado de alguien que conozca su ubicación, se abre también en la roca viva, un agujero cuadrado que serviría de aljibe donde recoger el agua de lluvia.
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