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MARANCHÓN |
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Toribio Minguella en su "Historia de la Diócesis de Sigüenza y sus Obispos" recoge el censo que en 1353 se realiza de todas las parroquias de la Diócesis, en el que figura Maranchón formando una feligresía única, perteneciente al Arciprestazgo de Medinaceli, junto con Obetago (Ovetago), servida por dos beneficios con una renta anual de 460 maravedís: "enlas eglesias de maranchon e ovetago son dos beneficios el uno es curado vale de renta 280 mrs. et el otro beneficio prestamo es ala eglesia de marachon e riende 180 mrs." . Obentego es un despoblado medieval situado en el término municipal de Layna, junto a la divisoría de éste con el de Maranchón.
Desde la reconquista de la zona en el siglo XII Maranchón fue incorporado al territorio jurisdiccional del Alfoz o Común de Villa y Tierra de Medinaceli, bajo cuya dependencia permaneció hasta el siglo XV, cuando el rey Enrique II de Castilla concede a la familia de los De la Cerda, el título de Duques de Medinaceli, entregándoles como territorio de su Ducado el correspondiente al antiguo Alfoz del mismo nombre.
En 1712 se instala en el lugar una fábrica para la manufactura, elaboración y compra-venta de la cera virgen, fábrica que estuvo funcionando hasta bien entrado el siglo XX en que tuvo que cerrar debido a la escasa demanda de este producto. Debido a la importancia e incremento de su actividad comercial, y consecuente aumento de población y riqueza, Maranchón solicita ser eximida de la jurisdicción del Ducado de Medinaceli e inicia los trámites para la adquisición del villerazgo. En 1769, mediante cédula de Carlos III, adquiera la condición de villa con jurisdicción propia y poder para ejercer justicia, por lo que se erigen en sus inmediaciones una horca en el cerro del Llano y una picota en el lugar llamado “Las Heras” para ejecutar las sentencias, bien de muerte o de castigo. En el siglo XIX, por privilegio de Carlos IV, contó con mercado semanal que se celebraba los viernes y con una feria anual de ganado del 8 al 12 de septiembre, que se convirtió en una de las más importantes y concurridas de España. Es a partir de la segunda mitad de este siglo XIX y durante los primeros años del XX cuando se inicia el despegue económico de la villa, fundamentalmente por la dedicación de la mayoría de sus habitantes a la trata de ganado mular, para lo que recorrían prácticamente toda la geografía nacional. Esta prosperidad se reflejó en la construcción de viviendas de estilo modernista, la mayoría de varios pisos de altura, adornadas en sus fachadas y con grandes portadas. Igualmente se urbanizó el casco urbano, construyéndose el Ayuntamiento, la Torre del Reloj y la Plaza de Toros, como elementos más significativos. Todo ello llegó a convertir a Maranchón en una especie de capital de la zona, que rivalizaba con Molina de Aragón. Claro Abánades en su obra "Tierra molinesa" habla de Maranchón en los siguientes términos: " Villa importante del partido judicial, cruzada en su principal avenida por la carretera de Alcolea a Molina, además de otra que, naciendo en su término, tiene comunicación con Salinas de Medinaceli. La villa está edificada al pie de una rocosa eminencia, en una explanada sobre la que se levantan sólidas casas de mampostería. Es población cerealista y ganadera, pero muchos de sus moradores se han dedicado a los negocios, principalmente a la compra-venta de ganado, en cuyo primer término estaba el mular, y con su trabajo e inteligencia recorrieron no solamente España, sino toda Europa, realizando pingües utilidades. La villa es digna de competir con cualquiera de sus simiares en vecindario, el cual va actualmente descendiendo en buen número. Hay salón de espectáculos y plaza de toros construida con la solidez de la mejor piedra caliza. En las afueras dispone de un Santuario dedicado a la Virgen de los Olmos, y a cuya fiesta, en septiembre, suelen acudir maranchoneros que viven fuera de la población ". Es a partir de la segunda mitad del siglo XX, cuando llega la mecanización a las tareas agrícolas y en consecuencia van Benito Pérez Galdos, en su obra “Narváez”, correspondiente a la cuarta serie de los “Episodios Nacionales” hace referencia a los muleros de Maranchón diciendo de los mismos: “Son estos habitantes del no lejano pueblo de Maranchón, que desde tiempo inmemorial viene consagrado a la recría y tráfico de mulas. Ahora recuerdo que el gran Miedes veía en los maranchoneros una tribu cántabra de carácter nómada, que se internó en el país de los “Antrigones y Vardulios”, y les enseñaba el comercio y la trashumancia de ganados. Ello es que recorren hoy ambas Castillas con su mular rebaño, y por su continua movilidad, por su hábito mercantil por su conocimiento de tantas distintas regiones, son una familia, por no decir raza, muy despierta, y tan ágil de pensamiento como de músculo...” |
BIOGRAFÍAS |
JUAN BAUTISTA SACRISTÁN Y MARTÍNEZ-ATANCE Juan Bautista Sacristán y Martínez-Atance nació en Maranchón el 1 de julio de 1756 y murió el 1 de febrero de 1817 en Colombia. Estudió Filosofía, Teología, y Derecho Canónigo y Civil en la Universidad de Valladolid, donde se graduó a los 21 años. A los 22 años fue ordenado sacerdote, siendo nombrado después provisor y Vicario General del Obispado de Valladolid. El rey Fernando VII lo propuso, en el año 1804, como candidato de la Corona para ocupar la vacante existente en el Arzobispado de Santa Fe de Bogota en Colombia, siendo aceptada la propuesta por el Papa Pío VII. El 17 de mayo de aquel mismo año de 1804 es nombrado arzobispo electo. El mismo año de su muerte, 1817, fue propuesto para arzobispo de Zaragoza, cargo al que renunció. Sus restos mortales fueron depositados en un principio en la iglesia de San Carlos, de donde fueron trasladados a la Catedral Metropolitana de Bogotá, donde había ejercido durante trece años su cargo de arzobispo. En la ermita de la Virgen de los Olmos de Maranchón, concretamente en el muro de la sacristía, hay un cuadro en el que se representa al arzobispo acariciando la cabeza de un niño. |