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MOCHALES |
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Esta dependencia política, al igual que ocurre con Algar y Villel, no se corresponde con la eclesiástica, toda vez que pertenecerá la Arciprestazgo de Medinaceli, en lugar de al de Molina, hasta el siglo XIX. En 1.258 el infante D. Alfonso, cuarto señor de Molina, hace donación, en usufructo, de Mochales a su suegra Doña Sancha Gómez, aunque sigue, especialmente su castillo, bajo el control de los señores de Molina, y de la corona de Castilla. A la muerte del rey Sancho IV, y aprovechando la anarquía que se produjo en Castilla, Mochales, junto con los demás pueblos del valle del Mesa pasaron, por la fuerza, a poder de la familia de los Funes. Bajo el señorío de esta familia, Algar, Mochales y Villel se segregaron del Señorío de Molina y pasaron a depender de la Corona de Aragón, a finales del siglo XIII, si bien en el siglo siguiente volverían a formar parte de Castilla y concretamente del Señorío molinés. En el siglo XV Don Iñigo López de Mendoza es nombrado alcaide del castillo de Molina, y entre las donaciones que recibe del rey castellano figura Mochales, de donde consta como señor de la villa y castillo en 1.476. Permaneció en poder de los Mendoza de Molina, más tarde condes de Priego y marqueses de Mochales, al menos hasta el siglo Dentro de su término se encuentran los despoblados medievales de “Bronchales” o “Los Casares”, a unos 3.800 m al noroeste del pueblo (a unos 900 m. de Iruecha en el Ducado de Medinaceli) donde debió de existir una torre vigía en torno a una tenada actual, y el de “Euladigo” o "Villaorcas" a 2.900 m. al suroeste, en la ribera derecha del río Mesa y lindando con él, donde también se recuerda la existencia de otra torre. Tuvo dos molinos harineros a orillas del Mesa, así como hasta veinte telares de lienzo y se explotaron canteras de yeso blanco y negro y de jaspe de todos los colores. |
BIOGRAFÍAS |
ANTONIO ALBA Alcalde de Mochales durante la Guerra de la Independencia, fue ahorcado en la plaza del pueblo por los franceses, en 1.810, acusado de suministrar alimentos a las tropas españolas de la Junta de Defensa de Molina. Durante el período en que fue alcalde Antonio Alba, el pueblo fue saqueado cuatro veces por las tropas francesas, al parecer por conocer la colaboración de aquél con el General Castaños que se encontraba en la localidad de Sisamón, situado en Zaragoza a poca distancia de Mochales. Según la tradición oral, en una de estas incursiones, una mujer evitó que se masacrase al pueblo entero, suplicando clemencia de rodillas al mando de la tropa francesa, quien conmutó el castigo colectivo por un nuevo saqueo. La plaza del pueblo lleva el nombre de Antonio Alba, en recuerdo de su heroico comportamiento. BEATA TERESA DEL NIÑO JESÚS Eusebia García García nació en Mochales el 5 de marzo de 1.909, ingresando en las Carmelitas, donde tomó el nombre de Teresa del Niño Jesús y de San Juan de la Cruz Fue asesinada en Guadalajara por las brigadas de milicianos la tarde el 24 de julio de 1.936 junto con otras dos compañeras: Pilar de San Francisco de Borja y María de los Ángeles de San José. Las tres carmelitas fueron beatificadas el 29 de marzo de 1987, en la basílica de San Pedro de Roma por el Papa Juan Pablo II. DIAZ TORREBLANCA “TARARI” Aunque no fue natural de este pueblo, ni tampoco destacó en nada especial durante su vida, si que es interesante incluirlo en esta sección dado su peculiaridad. Ejerció como medico de Mochales y más tarde de Argecilla (la Alcarria), donde falleció en 1.979. Marino en su juventud, paso luego a ejercer de médico en un hospital alemán durante la Segunda Guerra Mundial. Fue precisamente cuando concluyó esta contienda cuando, por razones que se desconocen, buscó refugio en pueblos recónditos de Guadalajara, entre ellos Mochales. Vivía en el cerro de San Gabriel, en una casa debajo de las peñas, donde se decía que tenía una serpiente de gran tamaño como guardiana de la vivienda. Igualmente se comentaba que había excavado un túnel subterráneo para, en caso de urgencia, salir huyendo. La verdad es que ambas cuestiones son producto de la tradición oral, y nadie llego a comprobarlas. Parece ser que el sobrenombre de “Tararí” le fue puesto porque cuando tenía que bajar al pueblo para atender a algún enfermo, el alguacil se comunicaba con él con señales de trompeta. A pesar de las leyendas y rarezas que le rodearon el recuerdo que dejó en el pueblo fue de médico competente y persona de un gran calor humano. |