El nombre del pueblo se deriva, según una teoría existente al respecto, de que en el lugar donde se asienta existía en el momento de su fundación un pequeño castillo o torre que edificada probablemente durante la dominación musulmana de la zona, estaba caída o “mocha”, de ahí el nombre de Torremocha. Por supuesto se trata de una hipótesis ya que actualmente no quedan ni restos ni noticias documentales de la existencia de dicha fortaleza. El apelativo más moderno “del Pinar” se le aplicó lógicamente por la gran cantidad de pinos existentes en su término.
No existe tampoco ninguna reseña documental que hable de los orígenes fundacionales de Torremocha, si bien éstos se pueden situar en el siglo XII como uno de los muchos lugares surgidos durante la época de la repoblación del territorio molinés después de su reconquista por el rey aragonés Alfonso I el Batallador y su posterior entrega al conde Don Manrique de Lara, quien le dota de Fuero propio, propiciando de esta forma la llegada de nuevos habitantes.
Toribio Minguella en su “Historia de la Diócesis de Sigüenza y sus Obispos” recoge el censo que en 1353 se realiza de todas las parroquias de la Diócesis, y en el que la parroquia de Torremocha aparece como feligresía única con dos beneficios que rentan anualmente la cantidad de 450 maravedís: “enla eglesia de torremocha ay dos beneficios e lieva el clerigo conla cura la tercera parte vale de renta cada año 200 mrs et el otro beneficio del absente lieva las dos partes vale de renta cada año 250 mrs son ccccl mrs.”
Torremocha siempre tuvo la consideración de lugar de realengo, y como tal perteneció desde sus orígenes al Común de Tierra de Molina, participando sus representantes en las Juntas Generales donde ocupan el sexto asiento de los correspondientes a la Sexma del Sabinar, en la cual se encuentra integrado.
Dentro de su término se encuentra el despoblado de Arandilla, situado 4.000 metros al Oeste/Noroeste del pueblo, a la derecha del camino que se dirige a la ermita de Montesinos.
El lugar está emplazado en la cabecera de un recoleto valle rodeado de sabinares donde nace el río que lleva su mismo nombre y que vierte sus aguas en el Gallo, poco antes de que el Tajo se le una en el Puente de San Pedro.
Es en estos parajes donde la tradición sitúa la aparición de la Virgen a la pastorcilla manca que se dirige al moro Montesinos en el castillo de Alpetea para que construya una ermita en el lugar. Este tema se comenta más ampliamente en el apartado corresponiente del lugar de Cobeta, a cuyo término pertenece la actual ermita de Montesinos.
Parece ser que el lugar ya estuvo poblado desde antiguo, e incluso Diego Sánchez Portocarreno en su “Historia del Noble y muy Leal Señorío de Molina” escrita en el siglo XVII dice que “hanse hallado en Arandilla notables antiguallas y sepulcros de moros”.
Es en el siglo XII cuando el primer Señor de Molina, el Conde Don Manrique de Lara dona el lugar al monasterio de Santa María de Huerta, con la intención de que se allí se levantase un cenobio que sirviese de lugar de enterramiento para la familia condal. La historia y vicisitudes de este monasterio se comentan en página aparte.
En la actualidad Arandilla es finca de propiedad particular vallada en todo su perímetro. En el antiguo caserío situado en la cabecera del valle se conserva la antigua ermita de San Bartolomé y una casona del siglo XIX.