
MOLINA DE ARAGON , C. R. De Esp., provincia de Guadalajara, y capital de los pueblos de su tierra, corregidor de segunda clase. Es cabeza de arciprestazgo y tiene vicaría foránea, subdelegación de policía; 805 vecinos, 3.616 habitantes, 5 parr., 1 convento de frailes franciscanos extramuros, 2 dentro de monjas, 1 oratorio de padres filipenses, 1 hosp de S Juan de Dios, 4 ermitas y 2 iglesias agregadas, caja de correos, administración subalterna de renta y de loterías. Es capital de 82 pueblos y caseríos que forman el real señorío de su nombre, uno de los títulos de los reyes de Castilla, desde el año de 1293, en que se incorporó a su corona por testamento de la infanta doña Blanca Alfonso, última señora de Molina, quien instituyó por heredera a su hermana doña María Alfonso, esposa de don Sancho el Bravo. Está sit en el centro de todo el Real señorío, a 32 leg E de Madrid, al pie de una colina con exposición al S., a las márgenes del río Gallo que la surte de regaladas truchas, y fertiliza su hermosa vega que produce buenos cáñamos y toda clase de abundantes y delicadas verduras y sazonadas frutas. Está muy surtida de toda clase de alimentos de primera necesidad y de regalo, a precios muy cómodos, telas y otros efectos de lujo; además la inmediación a Aragón y Valencia, le facilita cuanto producen estas provincias, dándoles en retorno granos y lana; es población murada, y tiene en la colina que la domina y defiende de los vientos N una fortaleza y plaza de Armas, circundada de elevadas torres y castillos todo muy fuerte, como que, cuando era un estado independiente, debía resistir los ataques e incursiones, ya de Aragón, ya de Castilla; en el día se registran en todo el pueblo grandes escombros y ruinas, por haberlo mandado incendiar Napoleón, en el año de 1810. Y omitiendo la cuestión agitada entre los historiadores, sobre si se hallaba o no en este sitio la antigua Arcabica, como también todo lo que tiene relación con la dominación de los árabes; lo indudable, y en que todos están de acuerdo, es que por los años de 1129 fue arrojado de este término el rey moro de Molina, por D. Alfonso I de Aragón, el batallador, y suscitándose disputa entre Aragón y Castilla sobre su dominio, nombraron por árbitro de la contienda a don Almarich o don Manrique de Lara, grande amigo de los dos monarcas, con cuyo consentimiento se lo adjudicó a sí mismo con independencia de ambas coronas, el cual se llamó desde entonces con el título de Señor de Molina; la repobló, y la dio un fuero particular con que se gobernó por algunos siglos, y de que sólo han quedado escasos vestigios. Antiguamente se llamó Molina de los Condes y de los caballeros, y ahora es conocida con el nombre que tiene, no por pertenecer a dicha provincia, sino porque perteneció por seis años a aquella corona, a quien se agregó voluntariamente este señorío, implorando el auxilio de su rey don Pedro el IV para resistir al francés don Beltrán Claquín, a quien contra sus fueros lo cedió don Enrique II de Castila; pero se terminó felizmente esta guerra entre ambos monarcas, con el pacto de que había de continuar agregado como hasta entonces a la corona de Castilla, sin poderse enajenar, lo que siempre han confirmado sus reyes. Fue ciudad de voto en cortes, como se lee en la Crónica de Alfonso XI, y título de los primogénitos de Castilla, según se ve en el testamento de Juan I. En el día esta población es capital de corregimiento, ella y todo el señorío en lo eclesiástico corresponden al obispado de Sigüenza, a excepción de Motos, cuya parroquia es de Albarración, y la villa de la Yunta que es de la orden de San Juan; en lo militar a la capitanía general de Castilla la Nueva; en lo civil, a la chancillería de Valladolid; y en el ramo de rentas, a la provincia de Guadalajara, exceptuando la Yunta y Villel. Sus productos naturales y agrícolas son trigo, cebada, avena, garbanzos, yeros y otras legumbres; buenos pastos, ganado lanar estante y trashumante, aunque éste muy poco con proporción a tiempos no muy distantes, en que se contaban sólo en esta población 200.000 cabezas. Sus ramos principales de industria son: la fábrica de paños, susceptibles de grandes mejoras si el gobierno, o algún particular rico estableciese fábrica, por la excelente proporción de hermosas lanas, aguas, lavaderos, gredas, manos industriosas, alimentos a precios cómodos; y por último, fácil conducción de aceite, elaboración de toda clase de herrajes, que debía fomentarse pro hallarse en el país las primeras materias; la cordelería y tejidos de cáñamo, la fábrica de jabón, tintes y demás ocupaciones de los menestrales, consiguientes a una capital de partido, cercada de poblaciones pequeñas.